viernes, 22 de mayo de 2015

microrrelatos de terror



Despiadada Venganza

¡Broom! Y luego un grito, fue todo lo que Ana escuchó. Después por curiosidad subió corriendo las escaleras. La puerta  del cuarto de su madre estaba abierta, cuando entró vio lo que su madre sería; tripas, huesos y pedazos de carne por todo el cuarto. Ana quedó paralizada, su corazón latía rápidamente. Entonces escuchó otro ruido detrás suyo, se volteó y vio una mano con un puñal acercarse velozmente. No le dio tiempo a reaccionar y el puñal entró en el cuello de Ana como si fuera mantequilla. ¡Malditas! Fue lo último que Ana escuchó.


 
 Bebiendo con la Reina


                Lo perseguían con cruces, estacas, pistolas y ajo. Aún era de noche, cuando una bala de plata le atravesó el tobillo. El vampiro cayó de cara al  suelo, y antes de que se pudiera levantar más de cincuenta hombres, lo cogieron y lo amarraron a un palo en medio de la plaza central. Ya salían los primeros rayos del sol y el vampiro empezaba a quemarse. “Nunca debí haberme bebido a la reina” Ese fue su último pensamiento.






Arrogancia

¡De qué te ríes!
De lo tontos que son, dijo arrogantemente el niño.
        Ya en casa, el engreimiento no paraba. Y así, como todos los días, fue a dormir. Mas el siguiente despertar, no lo hizo Mami, por lo que extrañado, enojado, se levantó. No había nadie en casa. Se asomó por la ventana, y vio pedazos de carne y sangre en el suelo y colgados por calles y casas. Asustado corrió al teléfono para pedir ayuda. Y cuando levantó el auricular, una risa burlesca luego le dijo: “¡Que tonto eres! Ahora te toca a ti. Ja Ja Ja.


Escucha

        Estaba en la sala de espera, cuando se sienta al lado una mujer que empieza a hablarle. El, apenas ponía atención. Así pasó como media hora, hasta que ella se fue. Luego en diez minutos, lo llaman a una oficina. Entra, y quien lo atiende es la mujer  de antes. Le saluda con un beso, y al rato se empieza a marear, ella le mira y dice: “¿Sabes que hago cuando no me escuchan?”, y le muestra un collar de orejas. Sin poder pararse, ella le vuelve a hablar: “¿Y cuándo son hombres?”, mostrándole un frasco con penes…